miércoles, 24 de febrero de 2010

Hola a todos chicos, en vista de que han salido varias dudas
acerca de qué dice quién y esas cosas, aquí les pongo en seguida
algunos diálogos que pueden decir en su audición ^^
Por cierto, también habrán momentos en donde es necesario que
sólo lean el texto, en especial los protagonistas.

Carolina:

Al llegar a la escuela, fui a su salón un piso arriba del mío pero al llegar vi la escena más desastrosa que jamás me imaginé, él estaba besando a una de mis peores enemigas: Elizabeth Ramírez.

-¡¿Cómo te atreves a hacerme esto?! –grité furiosa a sólo dos pasos de él.
-¿Qué te crees que soy? ¿Una tonta? No lo creo… vete al infierno, no me vuelvas a buscar. -grité dándome la media vuelta y salí del salón.

-¿Francisco? –pregunté perpleja al reconocer la voz de mi amigo y su cabello ondulándose al atacar a la bestia siseante.

Abraham:

-Me llamo Abraham –contestó viéndome de reojo.

-¿Se te dificultan mucho éste tipo de problemas? –repitió tomando mi cuaderno al mismo tiempo que me veía a los ojos.

-Entonces, ¿quieres ir a la biblioteca para hacer los problemas? –preguntó Abraham que estaba parado justo frente a mi con una sonrisa.

-Pues tomando en cuenta que yo te metí en esto… ¿quieres que lo resolvamos juntos al final de clases? –propuso mientras yo me quedaba helada- digo, si puedes y quieres...

Juan Montés:

-Por supuesto entonces nos veremos a las 7 de la noche donde siempre, ahí te voy a estar esperando, amor -prometió cuando me tomaba de las manos con la misma voz sedosa que siempre me hacia sentir bien.

-¡Caro! Pero… qué… ¿qué estás haciendo aquí? –respondió aventando a Elizabeth a un lado y algo espantado.

-Pero… no… no es lo que piensas –replicó tomándome del brazo y dándome la vuelta.


Roberto Rodríguez:

-¡Caro! ¡Caro! –escuché gritar a lo lejos con desesperación en el pasillo, me levanté de mi banca dejando mis cosas para averiguar quién era.

-Te volvió a dejar plantada ¿verdad? –acertó sin gran sorpresa- lo ha hecho 7 veces en todo el mes, cuándo podrás…

-Es para mí, ¡Lo siento! –interrumpió sigilosamente Roberto levantando la palma derecha y encogiendo los hombros con pena.

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